miércoles, 5 de octubre de 2011

Elegía para Juan Manuel Inchauspe


Concepción Bertone


Leva en la mirada oscura, navega
el pensamiento en la arruga del ceño, ceñida
como una vela al viento
la cabeza de Juan
en el perfil izquierdo de su cara.
La cabeza apoyada
sobre la mano derecha que rodea el mentón, el candado
del pelo de la barba, la herida
de la boca encerrada bajo el bigote. Alta.
La mano alada eleva la cabeza, la alza
por encima del cuello,
del cogote —como él decía—
sin perder la elegancia, en la elegía
de una vieja conversación: cerveza santafesina
en la mesa de la amistad tranquila, la mesa clara
de Saer y de Juan, en otra foto.

Pero en ésta leva una luz. La luz
de una expresión infusa en los sesos, del peso
inexpresado de eso en la mirada. No
el reflejo de un foco, ni el haz
que se astilla contra un cristal, detrás,
contra su nuca. No.

Una luz en la pupila, un punto iluminado, un asunto
rodeado de pura luz en la oscuridad de sus ojos. Algo
como el alma que no sabemos, el fuego que no inventamos,
el veneno vencido con el mismo veneno. Eso.

Misterio escayolado que en los huesos queda
y fulge en la osamenta su “furiosa estrella: Arturo,
el Centauro, la Osa....” nombres de fuego
dictados a otros hombres, dijo Juan. Acordado,
fiel
al eco de su voz, dijo: “Combate” y
“Trabajo”. Las palabras, de pronto, anclan
en su cabeza
donde la araña trama
la tela tensa del poema: “Que sea
la frialdad de los otros
lo que ha venido aquí
envolviendo mi cabeza,
empujándome.
¿Qué importa?”

¿Qué importa ahora
la cabeza de Juan, el medio cuerpo
en blanco y negro, el botón de la camisa,
la sortija de un mechón de cabello
apretado a la sien. Un recuerdo de él
en los diarios...?

(No vivió para eso sino para los besos, los labios
que fueron sueños, sudarios, mortaja fluvial de los sueños,
epitafios de tantos, Tuñón) :

“Todo arde”
Mi cuerpo solo en el desierto del colchón
donde siento que la muerte me abraza
más amorosamente que la vida. Para decir
estuve, estuve en tal pasión,
en tal recodo... 

También, Juanele, el Juan
-para los íntimos- en esa fotografía
tomada por Courtalón,
sobre mi escritorio, me abrazaba
en su guía
como el faro que atrae a la tormenta,
y la ilumina, la enfrenta claramente
a los ojos. Esa luz. Y el despojo
de todo eso. La poesía, la vida. Aquello
de la creación que Saer definía como un complot: el lugar
donde se está montando una bomba....   Una bomba
montada en el corazón de una esquina
en la que Juan José te cuenta:
para escribir El limonero real tardé nueve años
y a Cicatrices lo escribí en veinticinco noches... Esa luz
que no luce, que vela la rebelión, la pelea
velada del cuerpo. El apareo
de ese goce que nace del roce fugaz, de la “rosa real
de lo narrado”. Como
cruzar a nado el vientre del Paraná
partido en dos por un trueno. Por
el filo calado del lamparón.
Y el ruido en el que se quema el río, es música....

(Esa luz, esa acústica. Un sonido abandonado al oído.
En el caracol del oído donde suena esa música. Esa
que no llegaba nunca y cuando llegaba
era seda acordada, cuerdas de un laúd magnífico. El oficio
y el arte, Juan)

Ahora,
roza la eslora de tu cara el fluir. Aflora
igual que el ahogado a otra orilla, el recuerdo:
y vive allí,
no en la mano amputada de aquel amor,
no en el abrazo de tu palabra camarada, sino
en el muñón enamorado de esa palabra.
                                                          Aquello
embelesado en la luz, atravesado por la luz
que leva en tu mirada, que navega
en esa luz primera y última: llama del ser
que fue de luz, ultimado
por ser de luz. Ahora

Se incendia
en la fugacidad de otra tarde, todo. “Todo
arde”, Juan. Porque esta hora
de decepción, que alimenta la rosa del porvenir
se pierde. No se besa. Se muerde
el amor. Se devora, se hurta, se harta. Se atiza
para morir de su fuego. Como el árbol del alcanfor, Juan.

Su llama no deja ceniza.

viernes, 12 de agosto de 2011

Elías Castelnuovo * Del decálogo del escritor


—Si no se tiene nada importante que decir, mejor es no decir nada. Escribir por escribir es dejar la inteligencia en casa y tirar la estupidez por la ventana.

—Las palabras por sí solas carecen de valor. Su valor reside en todo aquello que se les coloca adentro. La trascendencia del verbo no está en el diccionario. Está en la cabeza del que lo maneja.

—Hay que escribir como se habla. Quien habla de una manera y escribe de otra diferente, o miente cuando escribe o miente cuando habla.

—Conviene eludir el floripondio literario y sus ramificaciones: la exuberancia de los adjetivos, las frases de oropel, los parlamentos interminables y todo cuanto enuncie el artificio de la composición literaria.

—Para ocupar un lugar de vanguardia en el campo de las letras es necesario previamente ocupar un lugar de vanguardia en el campo de las ideas. Los que marchan por detrás de las corrientes del pensamiento popular, no pueden pretender marchar por delante de las corrientes del pensamiento literario.



Diario Alberdi, Edición nº 2660, Suplemento histórico-literario del 51 aniversario, julio de 1974.

foto: http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/67/Castelnuovo0.jpg

jueves, 11 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Roberto Santoro


Verbo irregular


yo amo
tú escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan



Periódico Alberdi, Edición nº 2643, 16 de febrero de 1974.

foto: http://lutohumano.blogspot.com/2011/03/poeta-revolucionario-roberto-santoro.html

martes, 9 de agosto de 2011

El lagrimal trifurca - revista y plaquetas


1968 - 1976, Rosario, a cargo del poeta e imprentero Francisco Gandolfo con su hijo Elvio.

La primera etapa incluyó ocho plaquetas, que aparecieron entre 1972 y 1974. Era una hoja desplegable en cuatro partes e impresa de ambos lados, que en su primera entrega ofreció textos de los que entonces asomaban como nuevos poetas de Rosario: Orlando Calgaro, Fernando Molina, Eduardo D´Anna, Alberto C. Vila Ortiz, Samuel Wolpin, Jorge Isaías y Francisco Gandolfo. "Solicitamos colaboraciones inéditas (poemas y dibujos) para su publicación y suscripciones voluntarias para sostener la periodicidad de la plaqueta", se consignaba en la contratapa.




Juan Desiderio



El danzarín dibuja tréboles mordidos en el aire
Criaturas escondidas en ojos color césped
¿y si te viera con pupilas empapadas en vino?
Tal vez, los seres de tus manos lo sepan

Edgardo Zotto



Sentarse a leer
el desmesurado libro de las horas
y que sus páginas temblorosas
no pasen demasiado rápido.



DEL LIBRO “IMPLUVIUM”

jueves, 4 de agosto de 2011

LA VIDA EN GENERAL * Orlando Florencio Calgaro



Los que no merecemos ninguna confianza
los que entramos a la vida
perdiendo dos a cero
esperamos una señal
como quien oye silbar lejos
no las complacencias
ni los escenario de por ahí.
Ah
la pobreza tiene sus dificultades
(aunque hayamos accedido a salones
sin tropezar con las alfombras
algo retumbó siempre, algo suena)

Los que no somos dignos de ninguna confianza
somos los hijos de esas soledades

fácil presa de las tardes
y de las traiciones.
Pero qué hacemos aquí entonces
quiénes somos.
Cómo estar
frente a las instituciones de la descalificación
y el olvido.

Son los días donde la situación
el verdadero límite
es lo cotidiano,
allí donde se reúnen
los productos y las necesidades.

Hemos procurado
aislar algunas situaciones

esperando vigilantes el mensajero
pacientemente
entre opiniones sobre la lluvia
el verano
lo que mata es la humedad
el colmo
está crecido el Paraná
las posiciones del sexo a la hora
en que la gente sale de trabajo
entre gerentes, maestros impagos
la gran confusión
márgenes de olvido

el cuerpo mutuo de la tarde
donde crecen, no ya los sueños
sino las cosas como son
aunque el tiempo no hable y se disperse.

Nos reunimos en señales de ocultación
bajorrelieves que algún día
nos ahorrarán pedir disculpas.
Permanecerá nuestro íntimo alfabeto
resonantes abrazos
y habrá piedad para los heridos de muerte;
tal vez un poco de su miedo
algunas levantadas alegrías suficientes
decidiéndonos hacia el costado de los días
o las más estridentes
fiestas del corazón agitado
difícil saber si a lo largo y a lo ancho
para seguir confundiendo la patria

con cosas que no se le parecen
que nada tienen que ver
ni con los "descubridores"
que la primera vez
golpearon aquí sus sandalias.

Ah cuántas olvidadas sombras
se nos revelan!

Tratamos
seguimos tratando

de evitar que el viento se meta
en esa muela picada desde la infancia;
nadie encontrará lo perdido
nada nos reencontrará con el río
los arroyos, las islas
casi todo nos tornará
revolucionarios o resentidos melancólicos
mas nada logrará adscribirnos
a la prevenida transigencia diaria
descuidaremos el lenguaje
tal vez se demore
pero vendrá la disonancia
ella no nos abandona. Imposible
tirar por la borda tanta humillación.

El amor inalterable jura que todo está inalterado
y sabe
que lo que no tiene aún sigue siendo todo lo que tiene.

La contrapartida:
Nadie se atreverá a celebrar nuestro desconcierto

somos peligrosos en definitiva
la coherencia suele acarrear aflicciones
llegar hasta turbar la soledad
la serenidad perderse con torpeza.
Les llegará la imposibilidad de darse vuelta
decir nada sabemos ni queremos
nadie no podrá decidirse
la dócil verdad pedirá cuentas
el robador y el robado no se perderán en la oscuridad
nadie escapará intentando explicaciones
a pesar de las rodillas fácilmente dobladas
no quedarán al margen
se aburrirán sin mediación.

pasamos por aquí y por acá

miércoles, 3 de agosto de 2011

Perfume exótico



Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal
Y respiro el aroma de tu cálido seno,
Ante mí se perfilan felices litorales
Que deslumbran los fuegos de un implacable sol.

Una isla perezosa donde Naturaleza
Produce árboles únicos y frutos sabrosísimos,
Hombres que ostentan cuerpos ágiles y delgados
Y mujeres con ojos donde pinta el asombro.

Guiado por tu aroma hacia mágicos climas
Veo un puerto colmado de velas y de mástiles
Todavía fatigados del oleaje marino,

Mientras del tamarindo el ligero perfume,
Que circula en el aire y mi nariz dilata,
En mi alma se mezcla al canto marinero.

miércoles, 20 de julio de 2011

PERLONGHER


EN EL REFORMATORIO

a Inés de Borbon Parma


O era ella que al entrar a ese reformatorio por la puerta de atrás veía
una celadora desmayada: calesas de esa ventiluz: Inés, en los cojines
de esa aterciopelada pesadumbre, picábase: hoy un borbón, mañana
un parma. La hallaban así, yerta: borboteaba. Los chicos se vigilaban
tiesos en su torno-y unos se acariciaban las pelotas debajo del bolsi-
llo aunque estaba prohibido embolsar los nudillos, por el temor al
limo, pero se suponía que la muerte, o sea esa languidez de celadora
a lo cuan larga era en el pasillo, les daba pie para ello; y asimismo,
esta mujer, al caer, había olvidado recoger su ruedo, que quedaba
flotando - como el pliegue de una bandera acampanada-a la altura
del muslo; era a esa altura que los muchachos atisbaban, nudosos, los
visillos; y ella, al entrar, vio eso, que yacía entre un montón de niños
- y el más pillo, como quien disimula, rasuraba el pescuezo de la
inane con una bola de billar; y un brillo, un laminoso brillo se abría
paso entre esa multitud de niños yertos, en un reformatorio, donde
la celadora repartía, con un palillo de mondar, los éritros: o sea las
alitas de esas larvas que habían sido sorprendidas cuando, al entrar
en la jaula, se miraban, deseosas, los bolsillos; o era una letanía la que
ella musitaba, tardía, cuando al entrar al circo vio caer ante sí a esos
dos, o tres, niños, enlazados: uno tenía los ojos en blanco y le habían
rebanado las nalgas con un hojita de afeitar; el otro, la miraba callado.

sábado, 4 de junio de 2011

trans

el pájaro va al agua
casi ciego

siente
el agua en su pecho
y viaja

va hacia el agua
como a su destino

redes
trans parentes
parentales

que unifican
todo.

lunes, 30 de mayo de 2011