martes, 31 de enero de 2012

EMMA BARRANDEGUY


UN  HOMBRE


                              Las costas verdes, los sarandizales,
                              el mostrador donde acodabas tus hazañas,
                              aquellas suelas y el martillo curvo.
                              Las pieles de las nutrias,
                              la manta, testimonio de esa fiebre
                              que trajiste del norte.
                              El machete triunfal sobre las pajas,
                              las redes viejas junto a tus polémicas,
                              la canoa prestada y los anzuelos,
                              la cuadra de batatas que dejaste sembrada,
                              hoy no se hacen presente en tus pupilas,
                              entran al territorio del recuerdo.

                              Porque la vida de un hombre,de un loco,
                              de un rebelde,
                              de un disconforme eterno,
                              de un hombre que no supo hacer dinero
                              pero sí caminar, conversar, beber,
                              estar en desacuerdo
                              y desatárselo en palabras a la gente,
                              porque la vida de un hombre como tú, digo,
                              no es mas que esto:
                              una enumeración de circunstancias,
                              el recuerdo de un proceso,
                              una barba crecida, un hijo muerto,
                              unos ojos brillantes,
                              gajos del Gualeguay entre los remos.

                              En el agua tenías que morir,
                              no hay que asombrarse.
                              Tendiendo redes en la noche,
                               para pescar por fin
                               tu corazón inquieto.

                                    EMMA BARRANDEGUY 

Las Puertas, 1964.

lunes, 23 de enero de 2012

Enrique Zolo

Confesiones a solas

Creo que estuve en este lugar; las sensaciones electrizan. Fuera del mundo las latitudes se tejen.
Corrompiendo silencios, este infierno parece tan poca cosa; entre sombras sin voces, estoy a punto de agarrarme a algo.
Las cartas estan manchadas de vino, agrio perfume narciso.
Siento que el temblor ya no me sostiene. La represión esta a la vuelta de un sueño.
La muerte esta celosa; solo son figuraciones entre gritos. La alegría está ebria en un rincon olvidado.
Todo fue un juego que empezo ayer. Creo que estuve en este lugar, entre sombras sin voces.


Lucidez silenciosa

Invierno desangra,
promulga silencio.
El cielo cuajado de incierto
abre los portales del alma,
hace cantar al soñador reprimido.
Demasidas luces,
demasiadas sombras,
lucidez silenciosa.
la noche recoge sus frutos,
lubrica las lujurias.
Invierno desangra
promulga silencios.


Acerca del Alma 

Veo una radiografia de la ciudad, y los asaltantes del paraíso rompen el delicado equilibrio en este territorio en penumbras donde el silencio, que no termina, hace que este libro de arena se me escape de las manos.
El futuro ya se fue y la gente como si nada se pierde en la boca de los subtes, y lo que no se nombra se dice en silencio, detrás de los jardines del olvido. La ciudad ausente enciende las luces y este cuaderno de arena se desgrana y los mapas de los espejos se confunden en este sentimiento hecho carne. Veo la radiografia del mundo y otro vuelo de magia se pierde con un soplo de sombras que se lleva el silencio.
El tiempo no para y este sentimiento sagrado ya no quiere recordar el sentido de esto, y lo que nombra sobrevive, lo que calla explota, en otros sentidos.

miércoles, 4 de enero de 2012

Regresos * MARTA ZAMARRIPA

Sonríe ahora
como si regresara de una rosa.
Su cabeza
derrama juventud sobre la almohada,

¿Sueña acaso,
o desviste jardines?

Afuera, la noche se afirma,
derrama su piedad,
nos cobija.

viernes, 7 de octubre de 2011

Restos



Queda un jardín
territorio de alimañas


un mar de florcitas salvajes
resiste.


Quedan los fragmentos de un libro luminoso
adheridos por la lluvia
a lo que fue una silla de espera


resquicios de un color
en la quietud de los rincones


signos de la luz


señales en la tierra


restos de una civilización personal
que se niega a desaparecer.


EDGARDO ZOTTO

miércoles, 5 de octubre de 2011

Elegía para Juan Manuel Inchauspe


Concepción Bertone


Leva en la mirada oscura, navega
el pensamiento en la arruga del ceño, ceñida
como una vela al viento
la cabeza de Juan
en el perfil izquierdo de su cara.
La cabeza apoyada
sobre la mano derecha que rodea el mentón, el candado
del pelo de la barba, la herida
de la boca encerrada bajo el bigote. Alta.
La mano alada eleva la cabeza, la alza
por encima del cuello,
del cogote —como él decía—
sin perder la elegancia, en la elegía
de una vieja conversación: cerveza santafesina
en la mesa de la amistad tranquila, la mesa clara
de Saer y de Juan, en otra foto.

Pero en ésta leva una luz. La luz
de una expresión infusa en los sesos, del peso
inexpresado de eso en la mirada. No
el reflejo de un foco, ni el haz
que se astilla contra un cristal, detrás,
contra su nuca. No.

Una luz en la pupila, un punto iluminado, un asunto
rodeado de pura luz en la oscuridad de sus ojos. Algo
como el alma que no sabemos, el fuego que no inventamos,
el veneno vencido con el mismo veneno. Eso.

Misterio escayolado que en los huesos queda
y fulge en la osamenta su “furiosa estrella: Arturo,
el Centauro, la Osa....” nombres de fuego
dictados a otros hombres, dijo Juan. Acordado,
fiel
al eco de su voz, dijo: “Combate” y
“Trabajo”. Las palabras, de pronto, anclan
en su cabeza
donde la araña trama
la tela tensa del poema: “Que sea
la frialdad de los otros
lo que ha venido aquí
envolviendo mi cabeza,
empujándome.
¿Qué importa?”

¿Qué importa ahora
la cabeza de Juan, el medio cuerpo
en blanco y negro, el botón de la camisa,
la sortija de un mechón de cabello
apretado a la sien. Un recuerdo de él
en los diarios...?

(No vivió para eso sino para los besos, los labios
que fueron sueños, sudarios, mortaja fluvial de los sueños,
epitafios de tantos, Tuñón) :

“Todo arde”
Mi cuerpo solo en el desierto del colchón
donde siento que la muerte me abraza
más amorosamente que la vida. Para decir
estuve, estuve en tal pasión,
en tal recodo... 

También, Juanele, el Juan
-para los íntimos- en esa fotografía
tomada por Courtalón,
sobre mi escritorio, me abrazaba
en su guía
como el faro que atrae a la tormenta,
y la ilumina, la enfrenta claramente
a los ojos. Esa luz. Y el despojo
de todo eso. La poesía, la vida. Aquello
de la creación que Saer definía como un complot: el lugar
donde se está montando una bomba....   Una bomba
montada en el corazón de una esquina
en la que Juan José te cuenta:
para escribir El limonero real tardé nueve años
y a Cicatrices lo escribí en veinticinco noches... Esa luz
que no luce, que vela la rebelión, la pelea
velada del cuerpo. El apareo
de ese goce que nace del roce fugaz, de la “rosa real
de lo narrado”. Como
cruzar a nado el vientre del Paraná
partido en dos por un trueno. Por
el filo calado del lamparón.
Y el ruido en el que se quema el río, es música....

(Esa luz, esa acústica. Un sonido abandonado al oído.
En el caracol del oído donde suena esa música. Esa
que no llegaba nunca y cuando llegaba
era seda acordada, cuerdas de un laúd magnífico. El oficio
y el arte, Juan)

Ahora,
roza la eslora de tu cara el fluir. Aflora
igual que el ahogado a otra orilla, el recuerdo:
y vive allí,
no en la mano amputada de aquel amor,
no en el abrazo de tu palabra camarada, sino
en el muñón enamorado de esa palabra.
                                                          Aquello
embelesado en la luz, atravesado por la luz
que leva en tu mirada, que navega
en esa luz primera y última: llama del ser
que fue de luz, ultimado
por ser de luz. Ahora

Se incendia
en la fugacidad de otra tarde, todo. “Todo
arde”, Juan. Porque esta hora
de decepción, que alimenta la rosa del porvenir
se pierde. No se besa. Se muerde
el amor. Se devora, se hurta, se harta. Se atiza
para morir de su fuego. Como el árbol del alcanfor, Juan.

Su llama no deja ceniza.

viernes, 12 de agosto de 2011

Elías Castelnuovo * Del decálogo del escritor


—Si no se tiene nada importante que decir, mejor es no decir nada. Escribir por escribir es dejar la inteligencia en casa y tirar la estupidez por la ventana.

—Las palabras por sí solas carecen de valor. Su valor reside en todo aquello que se les coloca adentro. La trascendencia del verbo no está en el diccionario. Está en la cabeza del que lo maneja.

—Hay que escribir como se habla. Quien habla de una manera y escribe de otra diferente, o miente cuando escribe o miente cuando habla.

—Conviene eludir el floripondio literario y sus ramificaciones: la exuberancia de los adjetivos, las frases de oropel, los parlamentos interminables y todo cuanto enuncie el artificio de la composición literaria.

—Para ocupar un lugar de vanguardia en el campo de las letras es necesario previamente ocupar un lugar de vanguardia en el campo de las ideas. Los que marchan por detrás de las corrientes del pensamiento popular, no pueden pretender marchar por delante de las corrientes del pensamiento literario.



Diario Alberdi, Edición nº 2660, Suplemento histórico-literario del 51 aniversario, julio de 1974.

foto: http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/67/Castelnuovo0.jpg

jueves, 11 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Roberto Santoro


Verbo irregular


yo amo
tú escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan



Periódico Alberdi, Edición nº 2643, 16 de febrero de 1974.

foto: http://lutohumano.blogspot.com/2011/03/poeta-revolucionario-roberto-santoro.html

martes, 9 de agosto de 2011

El lagrimal trifurca - revista y plaquetas


1968 - 1976, Rosario, a cargo del poeta e imprentero Francisco Gandolfo con su hijo Elvio.

La primera etapa incluyó ocho plaquetas, que aparecieron entre 1972 y 1974. Era una hoja desplegable en cuatro partes e impresa de ambos lados, que en su primera entrega ofreció textos de los que entonces asomaban como nuevos poetas de Rosario: Orlando Calgaro, Fernando Molina, Eduardo D´Anna, Alberto C. Vila Ortiz, Samuel Wolpin, Jorge Isaías y Francisco Gandolfo. "Solicitamos colaboraciones inéditas (poemas y dibujos) para su publicación y suscripciones voluntarias para sostener la periodicidad de la plaqueta", se consignaba en la contratapa.




Juan Desiderio



El danzarín dibuja tréboles mordidos en el aire
Criaturas escondidas en ojos color césped
¿y si te viera con pupilas empapadas en vino?
Tal vez, los seres de tus manos lo sepan

Edgardo Zotto



Sentarse a leer
el desmesurado libro de las horas
y que sus páginas temblorosas
no pasen demasiado rápido.



DEL LIBRO “IMPLUVIUM”

jueves, 4 de agosto de 2011

LA VIDA EN GENERAL * Orlando Florencio Calgaro



Los que no merecemos ninguna confianza
los que entramos a la vida
perdiendo dos a cero
esperamos una señal
como quien oye silbar lejos
no las complacencias
ni los escenario de por ahí.
Ah
la pobreza tiene sus dificultades
(aunque hayamos accedido a salones
sin tropezar con las alfombras
algo retumbó siempre, algo suena)

Los que no somos dignos de ninguna confianza
somos los hijos de esas soledades

fácil presa de las tardes
y de las traiciones.
Pero qué hacemos aquí entonces
quiénes somos.
Cómo estar
frente a las instituciones de la descalificación
y el olvido.

Son los días donde la situación
el verdadero límite
es lo cotidiano,
allí donde se reúnen
los productos y las necesidades.

Hemos procurado
aislar algunas situaciones

esperando vigilantes el mensajero
pacientemente
entre opiniones sobre la lluvia
el verano
lo que mata es la humedad
el colmo
está crecido el Paraná
las posiciones del sexo a la hora
en que la gente sale de trabajo
entre gerentes, maestros impagos
la gran confusión
márgenes de olvido

el cuerpo mutuo de la tarde
donde crecen, no ya los sueños
sino las cosas como son
aunque el tiempo no hable y se disperse.

Nos reunimos en señales de ocultación
bajorrelieves que algún día
nos ahorrarán pedir disculpas.
Permanecerá nuestro íntimo alfabeto
resonantes abrazos
y habrá piedad para los heridos de muerte;
tal vez un poco de su miedo
algunas levantadas alegrías suficientes
decidiéndonos hacia el costado de los días
o las más estridentes
fiestas del corazón agitado
difícil saber si a lo largo y a lo ancho
para seguir confundiendo la patria

con cosas que no se le parecen
que nada tienen que ver
ni con los "descubridores"
que la primera vez
golpearon aquí sus sandalias.

Ah cuántas olvidadas sombras
se nos revelan!

Tratamos
seguimos tratando

de evitar que el viento se meta
en esa muela picada desde la infancia;
nadie encontrará lo perdido
nada nos reencontrará con el río
los arroyos, las islas
casi todo nos tornará
revolucionarios o resentidos melancólicos
mas nada logrará adscribirnos
a la prevenida transigencia diaria
descuidaremos el lenguaje
tal vez se demore
pero vendrá la disonancia
ella no nos abandona. Imposible
tirar por la borda tanta humillación.

El amor inalterable jura que todo está inalterado
y sabe
que lo que no tiene aún sigue siendo todo lo que tiene.

La contrapartida:
Nadie se atreverá a celebrar nuestro desconcierto

somos peligrosos en definitiva
la coherencia suele acarrear aflicciones
llegar hasta turbar la soledad
la serenidad perderse con torpeza.
Les llegará la imposibilidad de darse vuelta
decir nada sabemos ni queremos
nadie no podrá decidirse
la dócil verdad pedirá cuentas
el robador y el robado no se perderán en la oscuridad
nadie escapará intentando explicaciones
a pesar de las rodillas fácilmente dobladas
no quedarán al margen
se aburrirán sin mediación.

pasamos por aquí y por acá